domingo, 4 de enero de 2026

MI ROSCÓN DE REYES

Una receta pensada, probada y afinada con los años 

El roscón no es un invento reciente ni exclusivo de España, aunque aquí haya acabado ocupando un lugar muy concreto. Su origen se remonta a celebraciones antiguas ligadas al cambio de ciclo, cuando se compartían tortas sencillas en las que se escondía un haba como parte del juego. Con el tiempo, esa costumbre fue adaptándose y quedó asociada a la Epifanía. El roscón fue ganando riqueza, ingredientes y presencia hasta convertirse en el dulce que hoy identifica el día de Reyes.

En otros países existen bollos similares ligados a esas mismas fechas. Cada sitio ha ido resolviendo la celebración a su manera. Aquí, el roscón se quedó. Y no solo como algo que se compra, sino como algo que se parte, se comenta y, en muchos casos, se discute.

No creo que exista una única receta del roscón de Reyes. La que hago en casa es el resultado de leer mucho, probar bastante y quedarme solo con lo que, con el tiempo, me ha funcionado. He ido tomando ideas de distintas recetas, ajustando cantidades, cambiando tiempos y descartando lo que no tenía sentido para mí.

Admite menos ocurrencias de las que parece y más atención de la que suele recibir. No todo vale, pero tampoco hay una sola manera correcta de hacerlo. Entre pruebas, repeticiones y algún fallo, una acaba encontrando su punto.

No lo hago por tradición heredada ni por nostalgia. Lo hago porque me gusta el proceso, porque controlo los ingredientes y porque, cuando llegan los Reyes, hay cosas que prefiero hacer bien y en casa.

Porque la receta básica no tiene demasiado misterio: harina, levadura, leche, azúcar, mantequilla y sal. A partir de ahí empieza lo de siempre. Como con la tortilla de patata: ¿con cebolla o sin cebolla? Hay quien no concibe un roscón sin fruta confitada, bien visible y bien colorida, y quien la aparta sistemáticamente del plato. A otros, en cambio, les entusiasman los rellenos: nata, crema, chocolate, trufa.

En ese terreno no hay verdades absolutas. El roscón admite versiones y gustos distintos. Para mí, lo importante no está tanto en lo que se le pone por encima o por dentro, como en la masa: que esté bien hecha, bien levada y bien horneada. Lo demás es opcional. Y sí, tengo mis preferencias: sin relleno y con frutas. 

La primera vez que hice este roscón fue casi por probar. Me gustó tanto el resultado que supe enseguida que no sería el último. Aquella vez me vine arriba con las cantidades y la Thermomix casi pide auxilio, así que aprendí rápido una lección práctica: si se hace mucha masa, mejor dividir o amasar en dos veces. El roscón salió tierno, esponjoso y con un aroma que ya apuntaba maneras. Ahí empezó todo.

Con los años he aprendido a no pelearme con los levados. Alguna vez el segundo ha ido lento, lentísimo, y no pasa nada. Se espera. Recuerdo un año que estuvo casi tres horas y media tranquilo, creciendo a su ritmo, cuando fui a ver la masa la pillé a tiempo antes de que llegara a casa del vecino y a la cabalgata… con las maletas en la puerta. La masa había levado muchísimo. Salió perfecto.

La base técnica de la receta que hago hoy viene de ahí, de una buena receta bien pensada, de Marga Cobas, una excelente cocinera. Receta a la que con el tiempo le he ido haciendo ajustes hasta dejarla como me gusta. No son cambios caprichosos: son decisiones después de repetirla muchos años. Y por eso esta es la que se ha quedado en casa.

Este no es un roscón para hacer con prisas, aunque con la cocina en orden y algo de tiempo puedes prepararla sin problemas.

Antes de empezar (léelo, porque importa)

Trabajo con prefermento y tang zhong. No son trucos ni nombres modernos para impresionar. Mejoran la textura, el sabor y la conservación. Se nota en la miga y se nota al día siguiente.

Y dos advertencias claras a tener en cuenta desde el principio:

-La masa es pegajosa. Así debe ser. No se corrige con más harina.

-Ningún líquido debe superar los 37°. Si la leche la mezclamos caliente a la levadura, nos la cargamos y no hay arreglo posible. Mejor templado que caliente.

Roscón de Reyes en Thermomix

Ingredientes (Para 1 roscón grande o 2 medianos)

Leche aromatizada

  • 200 ml de leche entera
  • Piel de ½ mandarina o naranja y de 1/2 limón (sin parte blanca, que amarga)
  • 1 palito de canela
  • 1 anís estrellado o unas semillas de cardamomo (opcional)

La leche se aromatiza sin hervir, se deja reposar y se enfría. No se busca perfume, se busca fondo.

Prefermento

  • 50 ml de leche templada
  • 5 g de levadura fresca
  • 90 g de harina de fuerza

Tang Zhong

  • 200 ml de la leche aromatizada
  • 50 g de harina de fuerza

Azúcar aromatizado

  • 120 g de azúcar
  • Piel de ½ limón
  • Piel de ½ naranja
  • Piel de 1 mandarina

Masa final

  • Todo el prefermento
  • Todo el tang zhong
  • El azúcar aromatizado
  • 10 g de levadura fresca
  • 4 huevos a temperatura ambiente
  • 85 g de manteca clarificada o ghee, (yo uso ghee a temperatura ambiente) y 45g más para el final 
  • 40 g de azúcar invertido o miel
  • 20–25 ml de agua de azahar Luca de Tena
  • 40 ml de anís o zumo de naranja
  • 600 g de harina de fuerza
  • 8 g de sal

El agua de azahar merece mención aparte. Uso la de Luca de Tena porque es limpia y equilibrada. El roscón tiene que oler a Reyes, no a perfumería. Aquí menos es más.

Elaboración 

1. Azúcar aromatizado

Introduce en el vaso limpio y bien seco el azúcar, programa 30 segundos, velocidad progresiva 5-7-10, para que se convierta en azúcar glas. Añade las pieles de los tres cítricos (sin parte blanca, que amarga) y programa 20 segundos, velocidad 7-10. Saca y reserva.

2. Leche aromatizada

Pon en el vaso la leche con las pieles y las especias elegidas para infusionarla. Programa 5 minutos, 90°, velocidad cuchara, giro a la izquierda. Cuando esté lista cuela y reserva (deja enfriar).

3. Prefermento

Sin lavar el vaso, diluye la levadura en la leche templada a 37°, añade la harina y amasa 1 minuto, velocidad espiga. Coge la masa y haz una bola, déjala en un bol engrasado y tapado con film y lo dejas unas 3-4 horas a temperatura ambiente. (Si lo vas a hacer al día siguiente, puedes guardarlo en la nevera acordándote de sacarlo al día siguiente por lo menos una hora antes para que coja temperatura).

4. Tang zhong

En el vaso limpio, echamos la leche aromatizada que hemos preparado antes y la harina y programamos 5 minutos, 70°, velocidad 3. Cuando llegue a esa temperatura, lo bajamos a 60°, ya que la temperatura ideal son 65° (con modelos posteriores como la TM 6, ponemos directamente 65°) y dejamos terminar.

Queda como una crema espesa, tipo natillas. Tápala con film a piel (para que no forme costra) y deja enfriar completamente en el mismo vaso de la Thermomix.

5. La masa final

Los ingredientes deben estar a temperatura ambiente. Antes de empezar preparo todo para no dejar nada al azar y que no se me olvide algún ingrediente:

  • el Tang Zhong
  • el prefermento en trozos
  • el azúcar aromatizado
  • la manteca de vaca o Ghee (esto último es lo que uso yo)
  • los huevos
  • el azúcar invertido o miel
  • el agua de azahar
  • el anís o zumo de naranja
  • la levadura fresca
  • la harina de fuerza
  • la sal

Ponemos, en el vaso en el que ya tenemos el Tang Zhong, el prefermento cortado en trozos, la levadura, el azúcar aromatizado con las pieles, los 85g de manteca derretida y fría o ghee, el azúcar invertido (o la miel), el anís o zumo de naranja, el agua de azahar y programamos 10 segundos, velocidad 5.

Añadimos la mitad de la harina y programamos 5 segundos, velocidad 5.

Echamos la otra mitad, los huevos y la sal y amasamos 5 minutos, velocidad espiga. Dejamos reposar 10 minutos.

Amasamos otros 5 minutos velocidad espiga y volvemos a dejar reposar otros 10 minutos.

Añadimos los otros 45g. de manteca o ghee y programamos 7 minutos, velocidad espiga

Aquí es importante conseguir que la masa esté elástica y brillante, pero pegajosa. Tiene que superar la prueba de la membrana: toma un pequeño trozo de masa y estíralo con cuidado entre los dedos. Si puedes formar una película fina, casi transparente, sin que se rompa enseguida, la masa está lista. Si se rompe, necesita un poco más de amasado. No hay prisa.

Dejamos que doble de tamaño en el mismo vaso o en un bol bien tapado (tarda aproximadamente 3 horas, dependiendo del frío que haga en nuestra cocina. Yo lo suelo guardar en la despensa o en el microondas/horno cerrado y apagado).

Si lo vas a hornear al día siguiente puedes dejar que arranque la fermentación (20-30 minutos) y guardar la masa en la nevera.

De una u otra forma, la masa estará inflada y habrá doblado su volumen. Si la has sacado de la nevera espera a que se atempere para que la puedas manejar bien.

Si haces el roscón con su forma tradicional, divide la masa en dos bolas. Si no, puedes hacer uno tradicional y el otro en forma de trenza, para lo que una de esas dos bolas debes dividirla en tres bolas. Aquí debemos acordarnos de untarnos las manos con un poco de aceite y poner un poco en la mesa de trabajo, ya que la masa es un pelín pegajosa. No pongáis más harina.

Boleas las bolitas de masa y las dejas que se relajen una media hora, luego las estiras haciendo como barrotes y formas una trenza. Y con la otra haces la forma de roscón redondo. Introduce el haba y la figura bien envueltas y sella por la parte inferior (en mi caso solo figurita).

Cada uno de ellos lo pones en una bandeja de horno al que le hemos puesto papel vegetal y los dejas que vuelvan a levar, que suele ser en unas 3 horas.

Una vez han levado, los pincelo con huevo batido (a temperatura ambiente) y les ponemos montoncitos de azúcar humedecidos con unas gotas de agua, anís o agua de azahar, o azúcar perlado que habremos comprado, guindas, frutas confitadas, almendra laminada… según preferencias y alergias.


Metemos en el horno precalentado a 180°, con calor arriba y abajo, sin ventilador. Hay personas que ponen un cuenco con agua en una esquina del horno para crear humedad. Yo lo hago tal cual, sin cuenco.

Horneamos entre 20 y 25 minutos, dependiendo de nuestro horno. Es mejor controlar un poco y cuando veamos que están dorados sacarlos. Hay que pensar que si nos pasamos de tiempo quedarán más secos.

Y ¡a disfrutar! Solo, con relleno, mojado en chocolate especiado, leche… Hay infinidad de opciones.


No es el roscón más bonito del mundo ni pretende serlo.
Es el que hago en casa. El que huele a cítricos, a horno encendido y a víspera de Reyes.

La primera vez que lo hice supe que no sería la última.

Y después de repetirlo muchos años, confirmo que esta es la receta que se queda.

No porque sea perfecta.
Sino porque funciona.

<< He aquí el Roscón de Reyes,

tradición de un gran banquete

en el cual hay dos sorpresas

para los que tengan suerte.

En él hay bien ocultas,

un haba y una figura;

el que lo vaya a cortar

hágalo sin travesura.

Quien en la boca se encuentre

una cosa un tanto dura,

a lo peor es el haba,

a lo mejor la figura.

Si es el haba lo encontrado

este postre pagarás,

mas si ello es la figura,

coronado y Rey serás >>

jueves, 1 de enero de 2026

FELIZ AÑO NUEVO 2026

No le pido grandes cosas al año que empieza.
A estas alturas, eso ya no me interesa.

Le pido que no me quite lo aprendido.
Que me deje mirar con un poco más de claridad,
caminar con paso más firme
y pensar con menos ingenuidad que antes.

Que me permita seguir haciendo las cosas como creo que deben hacerse:
despacio,
respetando lo que ya estaba
y sin necesidad de disfrazar lo que pienso.

Que haya trabajo hecho con honradez,
salud suficiente para sostener el día
y una sucesión razonable de días normales,
que no es poco y a veces lo es todo.

Empiezo el año sin artificios
y sin ganas de aparentar nada.
No desde la euforia,
sino desde el lugar concreto en el que me dejó el año anterior.

Llego a 2026 con lo vivido bien colocado,
con menos concesiones
y con más criterio.
Con el mismo respeto por las cosas hechas con sentido
y por las personas que están sin alterar el silencio.

Que no falte lo esencial.
Que no se pierda lo que merece quedarse.

Feliz Año Nuevo.
Seguimos.
Con los pies en el suelo.



miércoles, 24 de diciembre de 2025

FELIZ NAVIDAD

 


Desde hace ya unos años, se nos invita (a veces con amabilidad fingida, otras con destrucción directa) a sustituir el "Feliz Navidad" de toda la vida, por un neutro y aséptico "Felices Fiestas". Como si nombrar lo que celebramos y da sentido a estos días fuera de mal gusto. Como si recordar el origen incomodara. Como si la palabra quemara en la boca.

Y no. En estas fechas no celebramos las fiestas del pueblo. Celebramos el Nacimiento de Jesucristo, le pese a quien le pese.

La Navidad no es un decorado de luces, ni un paréntesis de consumo, ni una suma de días libres colocados al azar en el calendario. La Navidad es un acontecimiento concreto, con un significado preciso, que ha dado forma durante siglos a nuestra manera de contar el tiempo, de entender la familia, la infancia, la esperanza y hasta el descanso.

Conviene recordarlo, aunque a algunos les moleste: si hoy hay vacaciones, días festivos, celebraciones compartidas, regalos, no es por el solsticio de invierno, ni por una vaga celebración de la estación fría. No dejamos de trabajar porque el sol empiece a remontar en el cielo. Lo hacemos porque, durante siglos, una civilización entera se detuvo para celebrar el nacimiento más importante. 

El cristianismo no es solo una creencia privada ni una opción espiritual más. Es la raíz que explica por qué estas fechas existen tal y como las conocemos. Del nacimiento del Niño Jesús vienen nuestras fiestas, nuestros ritmos actuales. Quitar el nombre a la Navidad no es un gesto de neutralidad o indiferencia: es pretender conservar el calendario mientras se borra el motivo.

Decir Feliz Navidad no excluye a nadie. Lo que excluye es fingir que todo esto apareció por generación espontánea. 

No se trata de imponer nada. Se trata de no falsear la realidad, nuestras raíces.

Cuando felicitamos un cumpleaños, decimos "feliz cumpleaños". Cuando celebramos una boda, decimos "felices nupcias". Y cuando llega el 25 de diciembre, lo auténtico es decir Feliz Navidad, porque celebramos la Natividad del Señor.

Porque la Navidad no es intercambiable. No es una etiqueta genérica. Es memoria, es tradición, es historia viva. 

Y renunciar a nombrarla no nos hace más respetuosos ni más modernos. Solo nos empobrece, porque nos olvidamos de nuestras raíces, nuestra cultura, nuestros valores y nuestra civilización.

Así que sí.
Con naturalidad.
Sin complejos.
Y con mucho amor:
 

¡¡¡¡¡¡FELIZ NOCHEBUENA Y SANTA NAVIDAD!!!!!! 

  

P.D. A esos `modernos´ que se niegan a decir "Feliz Navidad" pero están abonados al "Merry Christmas"... no seáis tan ignorantes.  

sábado, 27 de septiembre de 2025

Nikola Tesla: el hombre que encendió el futuro

Nikola Tesla junto a su bobina y un fondo de rayos eléctricos
Nikola Tesla, frente a su tormenta privada
Un rayo azul congelado en la pared. Tesla sentado, inmóvil, como si esperara que alguien le devolviera la chispa que el tiempo le robó.

La exposición en Cuenca no es el desfile de vitrinas y paneles que yo sospechaba. Ni publicidad encubierta de coches eléctricos. Es otra cosa: un relato. Tesla entra en la sala como lo que fue: un hombre que iluminó ciudades y terminó rodeado de palomas.

Nació en 1856 en Smiljan, en pleno Imperio Austro-húngaro, durante una tormenta. La comadrona sentenció: "Hijo de la oscuridad". La madre corrigió: "Será hijo de la luz". Y acertó. Ella no sabía leer ni escribir, pero inventaba utensilios de cocina, telares manuales y artefactos domésticos. Tesla siempre reconoció que de ella heredó el ingenio; de su padre, sacerdote ortodoxo, la pasión retórica. Entre ambos, la tragedia: un hermano mayor, niño prodigio, muerto en un accidente a caballo. Tesla creció bajo esa sombra.    

A los tres años, acariciando a su gato vio saltar chispas que crepitaban en la penumbra. "Es lo mismo que pasa en el cielo durante una tormenta", le explicó su padre. Tesla se preguntó si el universo entero no sería un enorme gato cósmico y quién estaría frotándole el lomo. Para él la respuesta era obvia: Dios. El resto de su vida fue un intento de traducir esos arañazos divinos en fórmulas eléctricas.

Tesla en Budapest dibujando en el suelo el principio de la bobina
Tesla garabatea en el suelo el germen de la corriente alterna
Budapest, 1882. En un paseo con su amigo Anthony Szigety, mientras recitaba a Goethe, le vino la inspiración: el principio del campo magnético giratorio. Con un bastón, dibujó en la arena el esquema que más tarde se transformaría en el motor de corriente alterna. Poesía y técnica, juntas, pariendo un invento que movería fábricas y ciudades.

Tesla llega a Nueva York en 1884 con una carta de recomendación y apenas dinero en los bolsillos
América era la tierra de las oportunidades... y de las primeras decepciones
 Tres años después desembarcó en Nueva York con una carta de recomendación para Thomas Alva Edison. El texto decía, con guasa: "Conozco a dos grandes hombres. Uno es usted. El otro es el portador de esta carta". Tesla entró a trabajar en su taller, mejoró sus dinamos y pidió los 50.000 dólares prometidos. Edison rio: "Usted no entiende el humor americano". Y tenía razón: Tesla jamás entendió los chistes que se cuentan con la cartera. La enemistad estaba servida.

De ahí nació la Guerra de las Corrientes. Edison defendía la continua; Tesla, la alterna. Edison se dedicó a electrocutar animales y a promover la primera silla eléctrica para asociar la alterna con la muerte. Propaganda disfrazada de ciencia. 

 

Central hidroléctrica del Niágara, victoria técnica e irreversible
Cataratas del Niágara, triunfo práctico e industrial definitivo 
Tesla y Westinghouse respondieron con elegancia: Chicago, 1893. Una ciudad entera iluminada de noche por corriente alterna. Después, Niágara: una central hidroeléctrica capaz de transmitir energía a 32 kilómetros de distancia, algo impensable. La continua de Edison apenas alcanzaba uno. Fin de la discusión. Edison quedó en penumbra.

Placa de 1899 fabricada por la Westinghouse Electric para la Niagara Falls Power Company, con las patentes de Nikola Tesla grabadas
Placa  con las patentes de Tesla, 1899

Pero Tesla no se conformaba con ganar batallas. En 1898 presentó en Madison Square Garden un barco teledirigido por radio. El público lo llamó brujería. En Colorado Springs domesticó rayos de doce millones de voltios y posó sentado bajo ellos como si fueran lámparas de salón. Ciencia como espectáculo, pero también manifiesto de futuro.   

La exposición concentra su genio en tres hitos: 


El huevo de Colón.
Un huevo metálico girando sobre una base imantada. Truco de feria, sí, pero nadie volvió a dudar de cómo funcionaba un motor de inducción. Genio y pedagogo.

Bobina de Tesla en una sala de la exposición, con paneles explicativos
Bobina de Tesla 
La bobina de Tesla.  Un monstruo lanzando relámpagos en todas direcciones. Laboratorio y teatro a la
vez. La electricidad como luz, pero también como asombro y miedo.

Entre sus obsesiones estaba la luz. No solo la que domaba en forma de relámpagos artificiales, también los tubos de descarga que encendía sin cables, a distancia, como si fueran varitas mágicas. Era el preludio de lo que serían los fluorescentes y, con un poco de vulgarización comercial, los rótulos de neón. Tesla quería iluminar el mundo con una claridad casi mística; nosotros nos conformamos con la cruz verde de las farmacias parpadeando en cada esquina, y los letreros chillones de bingos y discotecas.

Torre Wardenclyffe construida en Long Island, Nueva York, por Tesla con financiación de J.P.Morgan, proyecto de transmisión inalámbrica de energía
La Torre Wardenclyffe, un mundo conectado sin cables

La Torre Wardenclyffe. 
Su delirio más hermoso: electricidad y comunicaciones sin cables, gratis para todos. En teoría viable, en la práctica una ruina. Morgan retiró su apoyo económico y la torre cayó en 1917. El sueño se hundió con ella. Hoy vivimos rodeados de antenas y rúteres, pero nadie recuerda que todo empezó con aquel loco sin un céntimo.

El catálogo de rarezas y genialidades es interminable: más de 280 patentes en 26 países, memoria fotográfica, ocho idiomas, cálculos mentales que sustituían planos. Diseñaba cada pieza en su cabeza y funcionaba a la primera. Y, sin embargo, terminó arruinado, maniático con el número tres, incapaz de soportar las perlas y rodeado de palomas en un hotel de Nueva York. Murió en 1943, en la habitación 3327 del New Yorker Hotel.

Portada de la sentencia del Tribunal Supremo de EE.UU. en el caso `Marconi Wireless Telegraph Co.v. United States (21 junio 1943), donde se reconoció que las patentes que usó Marconi ya estaban anticipadas por Tesla, Lodge y Stone.
Sentencia del Tribunal Supremo de EE.UU., 1943                      

Meses después, el Tribunal Supremo de Estados Unidos reconoció que Marconi le había robado patentes esenciales de la radio. Justicia póstuma, el consuelo de los cementerios.

La emoción está en los detalles: el niño que veía relámpagos en el lomo de su gato, el ingeniero que hizo de un huevo metálico la mejor clase de física, el soñador que quiso regalar electricidad al planeta.

Salí con la contradicción grabada: Tesla encendió el siglo XX, pero no supo encender su propia biografía. Hijo de sacerdote y madre inventora. Rival de Edison. Utópico incorregible.

Hoy el apellido Tesla suena más a unidad del sistema internacional o a coches eléctricos de Silicon Valley, que al hombre que se empeñó en darle luz al mundo. Ironías del tiempo: se recuerda el nombre, pero no siempre las proezas que lo hicieron digno de brillar. 

Nació en un mundo movido por vapor. Murió en otro movido por electricidad. Entre medias, cambió la historia. Y nosotros seguimos pagando la luz como si Edison hubiera ganado.

Cartel oficial de la exposición `Nikola Tesla. El genio de la electricidad moderna´, con imagen de Tesla en su laboratorio de Colorado Springs bajo descargas eléctricas
Cartel original de la Exposición


miércoles, 10 de septiembre de 2025

La desaparición silenciosa de un símbolo cotidiano

Hace no mucho tiempo, bastaba con mirar a tu alrededor para adivinar qué llevaba la gente al cuello. Cruces, medallas, escapularios... se deslizaban por las camisas, los vestidos y aparecían en los escotes sin que nadie les diera la mayor importancia. Eran parte de lo cotidiano, algo nuestro cargado de fe, sentimiento, creencia. Algo antes tan habitual y normal como ver farolas por la calle u oler a pan recién horneado por la mañana. 

Cruces de madera y metal sobre encaje, símbolos religiosos tradicionales
Cruces que fueron compañía diaria, ahora relegadas a cajones y recuerdos

Hoy, en cambio, hay que fijarse mucho para encontrar a alguien que todavía los lleve. Quizás en lugares pequeños, poco contaminados, donde se mantiene la importancia de pertenencia al grupo para sobrevivir, podemos encontrarlos; o en aquellas familias que aún conservamos los valores cristianos y nos negamos a perder nuestra identidad y principios en un tiempo en el que el ataque al cristianismo y al catolicismo se hace desde todas las vertientes posibles, intentando convencernos de un falso laicismo. 

De repente, esas cruces, recuerdo del sacrificio que Cristo hizo por nosotros, que parecían indestructibles en su costumbre se han ido quedando en cajones y joyeros y solo algunos se rescatan en momentos de recogimiento y oración como Navidad y Semana Santa. Sí quedan los recuerdos: la medalla que regalaban en la Primera Comunión, la cruz de nácar heredada de la tatarabuela, el escapulario que acompañaba a todos lados como un elemento más de nuestro atuendo, el rosario de plata labrada que te regala tu abuela esos días tan importantes para un católico. Pero en la vida diaria, casi han desaparecido, salvo la honrosa excepción de la medida de la Virgen del Pilar en el espejo retrovisor de los coches.

Medalla de Comunión sobre la Biblia, recuerdo de infancia
 Medallas de comunión: un ritual que marcaba a generaciones enteras 

Lo curioso es que no hablamos de una moda pasajera. Durante décadas, incluso siglos, esas piezas eran mucho más que un adorno: eran declaración, pertenencia y hasta protección. La cruz al cuello no era solo signo de fe, era un gesto identitario, un recordatorio personal y un guiño de complicidad hacia los demás, al grupo. Como si lanzara el mensaje: "Aquí estoy, y soy de los tuyos".

 Que hoy cueste verlas en la calle dice mucho de cómo hemos cambiado. De cómo hemos dejado en un segundo, e incluso tercer plano (si no ha desaparecido) nuestra identidad como colectivo, como sociedad con arraigo e historia cristiana, y nos hemos ido intoxicando de todo aquello que considera esas muestras de identidad como algo arcaico, denostado, rancio e incluso insultante.                                                                                    

Tal vez sea la secularización, el desapego de las tradiciones religiosas. Tal vez sea la moda, que empuja hacia collares minimalistas, gargantillas de diseño o el eterno amuleto de temporada. También puede que sea por pudor mal entendido: mostrar símbolos claros de creencia o de grupo cristiano, ya no resultan cómodos en un entorno que se molesta y se ofende por verlos, y en el que toda esta muestra se considera, malientencionadamente, como algo que divide.

Recuerdo bien la sensación de recibir una de esas medallas de comunión, brillante, sencilla, hermosa, que lucías orgullosa por todo lo que significaba. Era un objeto con peso, con gran significado, aunque no se entendiera del todo en aquel momento. Formaba parte de crecer, de tener algo que te conectaba con la familia, a una historia mucho más larga que tú. Hoy pienso en esa pieza guardada y en cómo rara vez se ve luciendo en los cuellos de las nuevas generaciones. En general, los niños ya no llevan medallas salvo en la ceremonia misma, si acaso unos días más. Después quedan olvidadas en el joyero. En particular, algunos mantienen ese sentimiento de arraigo, creencia y llevan orgullosos su cruz, su escapulario. Ellos sienten esos principios, esa identidad, ese grupo con más fuerza. No les importa el qué dirán, ni dudan de lo que quieren. Aún mantienen esa inocencia de que por el propio instinto de supervivencia, nadie atacará lo que les hace grupo y por tanto menos vulnerables. 

Quizá lo más llamativo no sea la desaparición en sí de estas muestras de identidad, sino lo que revela sobre nuestro tiempo. Hemos cambiado símbolos por accesorios. Llevamos colgantes, sí, pero sin relato. Piedras, iniciales, diseños geométricos: bonitos, ligeros, intercambiables. Dicen algo de nosotros y de nuestro gusto estético, pero no reflejan raíz, historia, sentimiento, respeto. Nos definen menos y nos decoran más.

No estoy tratando de buscar la nostalgia fácil ni de idealizar el pasado. Tampoco reclamo el regreso de una costumbre porque sí. Pero hay un matiz de pérdida en todo esto. El día que empezamos a dejar de ver esas cruces y medallas al cuello, ese día, dejamos también de leer en el cuerpo de los demás un pedacito de su historia. Las personas se volvieron un poco más anónimas, más uniformes, como si hubieran decidido borrar un signo de identidad por miedo a destacar demasiado, por falta de valentía de defender una religión. Por cobardía ante el recuerdo del sacrificio de Cristo. Unos principios, unos valores que van más allá de la historia familiar. 

Colección de cruces y medallas antiguas en caja roja
Colecciones dormidas: símbolos que hablan de identidad y pertenencia, aunque ya no se luzcan

En el fondo, esas piezas auténticas dicen mucho más de lo que aparentan. Son gestos silenciosos que hablan por nosotros, que muestran algo personal. Y cuando un gesto se extingue, se lleva consigo una manera de reconocernos. Por eso mirar ahora una vieja medalla, una vieja cruz guardada en un cajón produce cierta sacudida: no es solo un trozo de metal, es la huella de una época en que los símbolos eran visibles, compartidos, inevitables, había sentimiento de comunidad, defensa de lo nuestro y reconocimiento de lo que Jesús hizo por nosotros.

Quizá lo curioso no sea que desaparezcan, que perdamos esa identidad y sentimiento comunitario. Que reneguemos de nuestras raíces porque nos hemos vuelto cómodos y en algún sentido cobardes. Que no tengamos agallas para defender nuestros principios y valores, más allá de modas o contaminaciones ideológicas. Lo curioso puede ser precisamente qué sustituye a estos símbolos. ¿Qué llevamos hoy al cuello que de verdad cuente quiénes somos y de dónde venimos? 

 

sábado, 24 de junio de 2023

#ELESCUDODETODOS ¡VOTAD CORRECTAMENTE PARA RECUPERAR NUESTRA IDENTIDAD!

Escudo del Atlético de Madrid (fuente: internet)

Si algo caracteriza al seguidor, socio, hincha, aficionado del Atlético de Madrid es la pasión por su equipo, la pasión por sus colores, la pasión por un sentimiento con el que se nace y que se transmite de padres a hijos a lo largo de generaciones. 

Yo he tenido la suerte de nacer en una familia Atlética de cuna, en la que esta pasión ha traspasado y traspasa fronteras, lugares y hechos de nuestras vidas. Una pasión iniciada con mis padres y hermanos que pasábamos las tardes de domingo en el Vicente Calderón viendo jugar a nuestro Atleti, y que en otras ocasiones escuchábamos en la radio cuando volvíamos de algún viaje. Siempre el Atleti. Aquellas tardes con Ratón Ayala...



Pasión que ha heredado mi hija, socia desde el mismo momento en que nació, mucho antes de ser inscrita en el Registro civil, de eso se encargó su tío y padrino.  

Y ahora ha llegado un momento crucial en nuestra historia con este equipo. Somos sufridores, y ya hemos pasado casi siete años de lucha, de defensa de nuestros derechos, de demostrar que estamos para las buenas y para las malas, animando y defendiendo nuestros colores aunque el marcador no haya sido siempre favorable, porque por esos somos atléticos, una gran familia. Somos auténticos y como tal, queremos recuperar nuestro escudo, el que nos representa, el verdadero, y dejar el logo a un lado como si hubiera sido un mal sueño. Un mal sueño obligado por una ocurrencia imperdonable. 

Esta tarde he escuchado Radio Marca (audio1), concretamente El Marcador (audio2), y... me siento orgullosa, muy orgullosa de todas esas personas, atléticas de bien que han peleado con uñas y dientes para que ese mal sueño llegue a su fin. A todos ellos: ¡¡¡¡¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!!!!!

#ElEscudoDeTodos

Y a todos los que sois socios os pido: 

NO OS OLVIDÉIS DE VOTAR CORRECTAMENTE PARA QUE RECUPEREMOS NUESTRA IDENTIDAD, GRANDES Y PEQUEÑOS, TODOS ESTÁIS LLAMADOS A FORMAR PARTE DE ESTA GRAN RESPONSABILIDAD.

¡OJO! No os olvidéis de hacerlo siguiendo estas indicaciones  , o a través del enlace (en negrita) del correo que os enviaron ayer viernes.



 

https://twitter.com/FA82Oficial/status/1672546487249584128?s=20

 

jueves, 17 de septiembre de 2015

Cuando publicar violencia explícita no incumple las Normas Comunitarias


Hace pocos días, cuando me encontraba denunciando una publicación por violencia explícita en Facebook (FB), me topé con algo que no había visto hasta entonces, el Buzón de ayuda. En este buzón aparece el listado de todos los contenidos que por uno u otro motivo has decidido enviar a revisión. Cuál no sería mi sorpresa cuando veo que todas y cada una de las publicaciones, que envié para revisar, cumplen con las Normas comunitarias de esta gran red social.

Primer mensaje que recibes tras realizar la denuncia
Lo primero que recibes cuando haces una denuncia de este tipo es un mensaje como éste, del que evidentemente he eliminado el nombre del 'infractor'.





Respuestas que recibes tras revisar tus denuncias
Transcurrido un tiempo, el mensaje 'EN REVISIÓN ¿Qué debo esperar?' se convierte en un 'REPORTE REVISADO Nuestra actualización'
Es indiferente si se trata de un vídeo, publicación... La respuesta es siempre la misma, o por lo menos a mí NUNCA me han dicho algo a favor de retirar el contenido que tiene, repito, VIOLENCIA EXPLÍCITA.


Mi sorpresa aumenta cuando accedo a la carta llena de buenas intenciones que publican la directora de Políticas de productos globales, Monika Bickert, y el vicepresidente de Operaciones globales, Justin Osofsky de Facebook. La he leído varias veces y o en su país hablan otro lenguaje o hacen lo contrario de lo que dicen.  

Al iniciar esta nueva entrada al blog, iba directa a poner enlaces de las publicaciones que he denunciado, porque para muestra un botón. Una vez en frío he recapacitado y no voy a dar bombo y platillo a lo que precisamente he criticado tanto, ni poniendo los enlaces, ni con pantallazos, aunque mi escrito-denuncia pueda perder fuerza por ello.

'Rechazo al maltrato femenino' dice uno y planta un vídeo en el que un hombre apalea a una mujer. Sí, apalea. ¿Lo rechazas pero lo publicas? ¿Es realmente denuncia o sólo morbo?

Otros deciden poner una advertencia pero cualquiera puede ver el vídeo; puede impactar, ofender y molestar... pero aún así lo publican. Y no es que impacte, es que hiere. Hiere el corazón de aquel que tiene la mala suerte de verlo. Hiere la retina... pero aún así lo publican.

Violencia gráfica es que te planten a un tipo oriental pegándole una paliza a una mujer embarazada que está atada a un poste, y nadie hace algo para evitarlo, nadie la ayuda. ¿Distintas culturas? Sí, pero eso es una paliza aquí y en el
Sobre violencia y contenido gráfico
lejano Oriente.

Violencia gráfica es la que contiene un vídeo en el que un tipo, también oriental, coge a un niño y le tira contra el suelo y le patea la cara, y le suelta uno, dos … numerosos puñetazos a una pobre criatura que no tendrá más de dos años.

Violencia gráfica es que graben y nos muestren cómo unos desgraciados revientan un perro con cohetes. y no lo publica un particular, sino un medio de Nueva York: The Huffington Post.

Violencia gráfica es exhibir cómo una madre abofetea a un recién nacido, o lanza y arrastra por el suelo de un castillo hinchable a su pequeño hijo.

Violencia gráfica es ver cómo una adolescente se degrada poco a poco tras caer en la tan temida enfermedad de la anorexia.

Violencia gráfica son todos esos contenidos que, ingenua de mí, creí que contravenían las normas comunitarias de esa red social que se llama Facebook. Y según me contestan, no van en contra de ellas.

Pues sigamos ofreciendo un cauce gratuito para todos aquellos que quieran fomentar la violencia o simplemente… dar ideas a esos locos que andan sueltos. Cuando uno no denuncia y acepta, está siendo cómplice de ese contenido explícito de violencia y lo que ello conlleva. Cuando comentamos una de esas 'suaves publicaciones' estamos ayudando a difundirlas, lo aclaro por si alguien no lo sabe. 

¿Y nos asustamos de la falta de valores, principios, educación y respeto que puebla nuestra sociedad? Atentos a lo que dejamos ver a nuestros hijos porque Facebook contribuye a todo ello con su “(…) no nos parece que infrinja nuestras Normas comunitarias (…)”   







sábado, 23 de marzo de 2013

La marmota meteoróloga Punxsutawney Phil ¿condenada a la pena capital?



Que algunos estadounidenses gozan de un humor peculiar, no tiene duda.
Que algunos estadounidenses buscan por naturaleza publicidad mediática y afán de notoriedad, no tiene duda.
Que los estadounidenses tienen un singular sistema judicial, no tiene duda.
Y que aúnen estas tres particularidades para salir en los medios y darse a conocer, si teníamos alguna duda, son profesionales en ello.

Hoy he despertado con la noticia de que el fiscal del condado de Butler, en el estado de Ohio, ha presentado ‘cargos formales’ y ha pedido la pena de muerte contra la famosa marmota meteoróloga Punxsutawney Phil por anunciar, el pasado 2 de febrero (Día de la Marmota) como marca la tradición local, una primavera temprana que no ha llegado.

El sujeto en cuestión, Mike Gmoser, que no tiene jurisdicción sobre el estado de Pensilvania, acusa a la pobre marmota Phil de un delito ‘contra la paz y dignidad del estado de Ohio por tergiversación de una primavera temprana. Contrariamente al informe del día de la marmota, ha habido tormentas de nieve y récord en bajas temperaturas que se espera continúen en un futuro cercano’.

Gmoser, explicaba entre risas que tomó la decisión de presentar cargos contra Phil porque muchos de sus vecinos han mostrado su decepción y enfado por no cumplirse el pronóstico, incluso que había recibido llamadas de abogados que se habían ofrecido para representar al roedor gratuitamente (otros que buscaban publicidad).

Esa tradición, que data de 1887 y que dicen se remonta a costumbres de los granjeros germanos, indica que si el animalito en cuestión sale de su hibernación el 2 de febrero y no ve su sombra por ser un día nublado, el frío terminará pronto, pero que si mira su sombra y vuelve a la madriguera, la primavera llegará tarde. Algunos la conoceréis por la película Atrapado en el Tiempo, protagonizada por Bill Murray.

¿Se imaginan a algún fiscal de España solicitando… la pena de muerte no, porque en España no existe, pero, la retirada de la carrera profesional, una multa, o la detención de los profesionales de la meteorología que yerran en sus predicciones en nuestro país? Yo no.

Vamos a dejarlo en que es una anécdota de un iluminado que una mañana se despertó y no sabiendo a qué dedicar su tiempo, hizo estas trasnochadas declaraciones sin sentido. Que para mí tienen un punto, no de hilaridad como afirman algunos, sino de imprudencia. ¿Con qué seriedad trabaja un fiscal que se divierte haciendo un paripé con algo tan serio como la pena capital que se aplica en el estado en el que ejerce sus funciones? Si yo viviera en Estados Unidos estaría abochornada y avergonzada de que un señor así tenga potestad para marcar los designios vitales de los habitantes del estado de Ohio.