miércoles, 29 de abril de 2026

López Aparicio, un periodista de raza, de cuna


Periodista, actor y poeta inédito, José María López Aparicio —Aparicio para quienes le conocían—  desarrolló una intensa y prolífica trayectoria en el periodismo español, especialmente en el diario YA, dejando un legado profesional y familiar profundamente ligado a la historia reciente de España. Trabajó y colaboró en numerosos medios provinciales, nacionales y extranjeros, de información general y especializada. En ellos escribió de cine, agricultura, ganadería, trabajo, sindicatos, toros, arte, sucesos, fútbol, política, etc. No había ámbito informativo que le fuera ajeno.

Firmó crónicas, reportajes, entrevistas y artículos con su nombre, sin él o bajo distintos seudónimos. Fue galardonado con el Premio de Periodismo Ciudad de Valladolid en 1967, y el Ciudad de Medinaceli en 1971, y reconocido con la Cruz de Caballero de la Orden de Cisneros por su trayectoria profesional.

Un periodista de vocación

Periodista de los de antes, de raza, de cuna, entendía el oficio como una responsabilidad: estar bien informado para informar mejor. Defendía la veracidad de los hechos, la sencillez y claridad en la escritura y el interés y valor de los detalles. No buscaba recompensas ni agasajos, sino la satisfacción del trabajo bien hecho y el orgullo de su familia.

Infancia en la Guerra Civil Española

Su vida comenzó con anécdotas que contaba ávidamente a familiares y amigos, un 3 de diciembre de 1936, en plena Guerra Civil Española, en el madrileño barrio de El Viso. Nació en casa de Pepín Fernández, fundador de Galerías Preciados, mientras mi abuelo —médico, militar, poeta y periodista— se encontraba en el frente.

Tras una infancia huérfana de madre, ya que falleció cuando mi padre era apenas un bebé, pronto comenzó a despuntar su faceta poética, escribiendo un villancico a la temprana edad de siete años. Ahí continuó deslizando su pluma sobre el papel con delicada elegancia, escribiendo cientos de poemas que guardó con discreción, como si fueran un diario íntimo.

Viajes por España y amor por la tierra

Viajero incansable, veía la noticia donde otros apenas veíamos paisajes. Mi padre supo transmitir a su mujer y a sus cinco hijos la pasión por España, sus rincones y costumbres, su belleza y gastronomía,  descubriéndonos todo ello en los innumerables viajes que realizamos con él, primero en un seat 850, después en un seat 1430, con los que recorrimos carreteras y caminos, haciendo paradas obligadas.


El deseo más grande de mi padre era que nosotros tuviéramos esas mismas vivencias que él había disfrutado al ir a esos pueblos y ciudades en busca de la noticia. Recuerdo La Alberca, con su cerdo recorriendo las calles, y unas cometas que hicimos volar; su plaza con soportales donde nos alojamos en una habitación con camas separadas por cortinas. O el Burgo de Osma y Guijuelo, donde aprendimos que del cerdo se aprovecha todo, y sus Jornadas gastronómicas o matanzas de las que mi padre, Aparicio, López Aparicio, tuvo el honor de ser pregonero. Escariche con sus mazorcas y la señora Tomasa que nos vendía la miel y trozos de panal que comíamos con entusiasmo, lugar donde descubrimos los erizos de tierra, o Patones de Arriba, un pueblo derruido en el que apenas había un par de casas levantadas y que ahora vive su máximo esplendor.

O Toro, con sus ventanas al río Duero y unos paisajes de los que se quedan grabados en  la retina, como en La Lora y esa imagen de los pozos bombeando petróleo al atardecer. Tantos y tantos lugares hemos tenido la ocasión de conocer gracias a mi padre, que muchos de ellos reconocemos por sus manjares y viandas.

Podríamos hacer un mapa con los productos que nos traía de sus viajes: los pasteles de Peñaranda de Bracamonte; los panes Callejas de Torrelaguna;  la miel y los conejos de Escariche; el cordero y las pastas de Alcolea del Pinar; las patatas de La Lora; el bizcocho con crema y chocolate ‘cuña del Soto’ de Exfiliana de Guadix; el vino de Extremadura, Toro, Peñafiel; las legumbres de Zamora, de León; el marisco y el orujo casero directamente de Galicia; las truchas de Vegacervera de Torío; el queso de Cabrales de Caín, sabores que mi padre nos traía directos al paladar.

El Atlético de Madrid, una pasión heredada


Y así como disfrutaba enseñándonos todos los rincones de España, también disfrutaba compartiendo con nosotros su otro gran amor: el Club Atlético de Madrid. Mi padre tenía el corazón rojiblanco, y eso lo heredamos de él.  Siempre tenía en mente la final de 1974 en Bruselas en la que estuvo con mi madre, como en otros tantos estadios de España y Europa. Anécdotas de varios lustros en el Metropolitano y en el Vicente Calderón, donde compartimos con él muchas tardes de fútbol, y muchos viajes, como en 1986 cuando recorrimos media Francia en el seat 1430 para asistir, en Lyon,  a la final de la recopa contra el Dynamo de Kiev de los Blokhin y Belánov. El fútbol, como el periodismo, formaba parte de su manera de entender la vida.

Entrevistas y cine

Las manos de López Aparicio escribieron sobre ricos, pobres, desconocidos, famosos, artistas, actores, nobles, políticos, deportistas, científicos, escritores,  y un sinfín de personas y personajes de España y el extranjero, plasmando sus vidas en cuartillas que con gran destreza cubría con sus palabras. Los actores Marlon Brando, Tony Leblanc, Brigitte Bardot y Marujita Díaz; el boxeador Primo Carnera; el bailaor Vicente Escudero; la cantante Gloria Lasso; el escritor y premio Nobel Camilo José Cela; el doctor Gaos;  y el futbolista Franz Beckenbauer, el Káiser, son una pequeña muestra de los protagonistas de sus  entrevistas.

Precisamente tras entrevistar a Tony Leblanc, tuvo la ocasión de hacer una incursión en el mundo del cine, con aquellos grandes actores y actrices del panorama español  en cuatro películas, unas más conocidas, otras menos: Los Pedigüeños, Canción de Juventud, Llovidos del cielo y Destino Barajas.

Trayectoria profesional en el periodismo español

Publicó sus primeros artículos en el IDEAL GALLEGO con tan sólo 16 años. A los 18 fue nombrado redactor jefe del semanario ACCI de Guadix (Granada), ingresando como redactor dos años después, 1956, en las revistas CARETA, CHICA y CRÍTICA de Madrid.

Colaboró con asiduidad con las agencias PYRESA (contaba entonces con 44 periódicos), y con ASS PRESS PHOTOS, siendo corresponsal para España de la Agencia Europea de Prensa con sede en París y director de MAPA PRESS PHOTOS de Madrid.

Su carrera continuó en PRIMER PLANO, HOLA, UNIESPAÑA, NESSA, ORTO, LA MESTA, TIEMPO NUEVO, HERMANDAD, MUNDO COOPERATIVO, HOSTELERÍA, SÁBADO GRÁFICO, EL CASO, CINE EN SIETE DÍAS, DISCÓBOLO, VELOCIDAD, EL BURLADERO y AGENCIA JORDÁN.

Tras doce años de profesión periodística casi ininterrumpida, en 1964 ingresa en el diario YA, realizando funciones de enviado especial por España y países de Europa y América, información universitaria, laboral y sindical, sucesos, política, crónicas, reportajes y entrevistas, entre otras.

Las colaboraciones en los diarios PUEBLO, LA VANGUARDIA y las crónicas, artículos y reportajes exclusivos para HIERRO, LEVANTE, PATRIA, SEVILLA, SUR, IDEAL de Granada, en las revistas de información nacional y especializada LA ACTUALIDAD ESPAÑOLA, VIDA LABORAL, LA TELEFÓNICA AL HABLA, QP y en el italiano IL TEMPO de Roma, engrosaron su abultado número de publicaciones.

Grandes exclusivas y momentos históricos

Su actividad profesional se desarrolló también en los Servicios Informativos de la Dirección General de Prensa, del Ministerio de Información y Turismo, en la Agencia de Información Sindical (SIS) y en Presidencia del Gobierno. Pero sin duda su trabajo en el diario YA,  “su casa”, en la que estuvo 32 años, fue donde tuvo grandes alegrías pero también grandes tristezas. Allí fue el “hombre de las exclusivas”, como Martín Aguado le define. Exclusivas como el atentado que le costó la vida al almirante Carrero Blanco,  la aparición de un submarino “desconocido” en plenas maniobras militares en aguas de Algeciras, o la utilización de dos submarinos de bolsillo –el Alvin y el Aluminaut- para el rescate de las bombas de hidrógeno que habían caído al mar en Palomares (Almería).

Sus últimos escritos fueron en las revistas REINADO SOCIAL, TIEMPO, APM y en la versión atlética del diario MUNDO DEPORTIVO, MUNDO ATLETI, en su columna ‘Con fundamento’.

José María López Aparicio nunca entendió la desaparición de la figura del corrector en los medios informativos, y hasta su último aliento se mantuvo celoso de la perfección profesional, ante la crisis que está atravesando hoy en día el mundo periodístico.

Un legado que permanece

Esa perfección profesional, ese ir y venir continuo, esa luz que desprendían sus ojos cada vez que hablaba de su trabajo, de éste o aquel reportaje, de éste o aquel viaje, de las conexiones entre unas noticias y otras, de las entrañas de la información, de sus anécdotas y de toda la gente que tuvo la oportunidad de conocer,  fueron las chispas que movieron mi espíritu para que la vocación periodística despertara y tratar de continuar así la saga familiar.

Gracias papá, gracias por este gran legado que nos has dejado.