Periodista, actor y poeta inédito, José María López Aparicio —Aparicio para quienes le conocían— desarrolló una intensa y prolífica trayectoria en el periodismo español, especialmente en el diario YA, dejando un legado profesional y familiar profundamente ligado a la historia reciente de España. Trabajó y colaboró en numerosos medios provinciales, nacionales y extranjeros, de información general y especializada. En ellos escribió de cine, agricultura, ganadería, trabajo, sindicatos, toros, arte, sucesos, fútbol, política, etc. No había ámbito informativo que le fuera ajeno.
Firmó crónicas, reportajes, entrevistas y artículos
con su nombre, sin él o bajo distintos seudónimos. Fue galardonado con el Premio de Periodismo
Ciudad de Valladolid en 1967, y el Ciudad de Medinaceli en 1971, y reconocido con la Cruz
de Caballero de la Orden de Cisneros por su trayectoria profesional.
Un periodista de vocación
Periodista de los de antes, de raza, de cuna, entendía el oficio como una responsabilidad: estar bien informado para informar mejor. Defendía la veracidad de los hechos,
la sencillez y claridad en la escritura y el interés y valor de los detalles. No buscaba recompensas ni agasajos, sino la satisfacción del trabajo bien hecho y el orgullo de su familia.
Infancia en la Guerra Civil Española
Su vida comenzó con anécdotas que contaba ávidamente a
familiares y amigos, un 3 de diciembre de 1936, en plena Guerra Civil Española, en el madrileño barrio de El Viso. Nació en casa de Pepín Fernández, fundador de Galerías Preciados, mientras mi abuelo —médico,
militar, poeta y periodista— se encontraba en el frente.
Tras una infancia huérfana de madre, ya que falleció cuando
mi padre era apenas un bebé, pronto comenzó a despuntar su faceta poética,
escribiendo un villancico a la temprana edad de siete años. Ahí continuó
deslizando su pluma sobre el papel con delicada elegancia, escribiendo cientos
de poemas que guardó con discreción, como si fueran un diario íntimo.
Viajes por España y amor por la tierra
Viajero incansable, veía la noticia donde otros
apenas veíamos paisajes. Mi padre supo
transmitir a su mujer y a sus cinco hijos la pasión por España, sus rincones
y costumbres, su belleza y gastronomía,
descubriéndonos todo ello en los innumerables viajes que realizamos con
él, primero en un seat 850, después en un seat 1430, con los que recorrimos
carreteras y caminos, haciendo paradas obligadas.
O Toro, con sus ventanas al río Duero y unos paisajes de los
que se quedan grabados en la retina,
como en La Lora y esa imagen de los pozos bombeando petróleo al atardecer. Tantos
y tantos lugares hemos tenido la ocasión de conocer gracias a mi padre, que
muchos de ellos reconocemos por sus manjares y viandas.
Podríamos hacer un mapa con los productos que nos traía de
sus viajes: los pasteles de Peñaranda de Bracamonte; los panes Callejas de
Torrelaguna; la miel y los conejos de
Escariche; el cordero y las pastas de Alcolea del Pinar; las patatas de La Lora;
el bizcocho con crema y chocolate ‘cuña del Soto’ de Exfiliana de Guadix; el
vino de Extremadura, Toro, Peñafiel; las legumbres de Zamora, de León; el
marisco y el orujo casero directamente de Galicia; las truchas de Vegacervera
de Torío; el queso de Cabrales de Caín, sabores que mi padre nos traía directos
al paladar.
El Atlético de Madrid, una pasión heredada
Entrevistas y cine
Las manos de López Aparicio escribieron sobre ricos, pobres, desconocidos, famosos, artistas, actores, nobles, políticos, deportistas, científicos, escritores, y un sinfín de personas y personajes de España y el extranjero, plasmando sus vidas en cuartillas que con gran destreza cubría con sus palabras. Los actores Marlon Brando, Tony Leblanc, Brigitte Bardot y Marujita Díaz; el boxeador Primo Carnera; el bailaor Vicente Escudero; la cantante Gloria Lasso; el escritor y premio Nobel Camilo José Cela; el doctor Gaos; y el futbolista Franz Beckenbauer, el Káiser, son una pequeña muestra de los protagonistas de sus entrevistas.Trayectoria profesional en el periodismo español
Publicó sus primeros artículos en el IDEAL GALLEGO con tan
sólo 16 años. A los 18 fue nombrado redactor jefe del semanario ACCI de Guadix
(Granada), ingresando como redactor dos años después, 1956, en las revistas
CARETA, CHICA y CRÍTICA de Madrid.
Colaboró con asiduidad con las agencias PYRESA (contaba
entonces con 44 periódicos), y con ASS PRESS PHOTOS, siendo corresponsal para
España de la Agencia Europea de Prensa con sede en París y director de MAPA
PRESS PHOTOS de Madrid.
Su carrera continuó en PRIMER PLANO, HOLA, UNIESPAÑA, NESSA,
ORTO, LA MESTA, TIEMPO NUEVO, HERMANDAD, MUNDO COOPERATIVO, HOSTELERÍA, SÁBADO
GRÁFICO, EL CASO, CINE EN SIETE DÍAS, DISCÓBOLO, VELOCIDAD, EL BURLADERO y
AGENCIA JORDÁN.
Tras doce años de profesión periodística casi
ininterrumpida, en 1964 ingresa en el diario YA, realizando funciones de
enviado especial por España y países de Europa y América, información
universitaria, laboral y sindical, sucesos, política, crónicas, reportajes y
entrevistas, entre otras.
Las colaboraciones en los diarios PUEBLO, LA VANGUARDIA y
las crónicas, artículos y reportajes exclusivos para HIERRO, LEVANTE, PATRIA,
SEVILLA, SUR, IDEAL de Granada, en las revistas de información nacional y
especializada LA ACTUALIDAD ESPAÑOLA, VIDA LABORAL, LA TELEFÓNICA AL HABLA, QP
y en el italiano IL TEMPO de Roma, engrosaron su abultado número
de publicaciones.
Grandes exclusivas y momentos históricos
Sus últimos escritos fueron en las revistas REINADO SOCIAL,
TIEMPO, APM y en la versión atlética del diario MUNDO DEPORTIVO, MUNDO ATLETI,
en su columna ‘Con fundamento’.
José María López Aparicio nunca entendió la desaparición de
la figura del corrector en los medios informativos, y hasta su último aliento
se mantuvo celoso de la perfección profesional, ante la crisis que está
atravesando hoy en día el mundo periodístico.
Un legado que permanece
Esa perfección profesional, ese ir y venir continuo, esa luz
que desprendían sus ojos cada vez que hablaba de su trabajo, de éste o aquel
reportaje, de éste o aquel viaje, de las conexiones entre unas noticias y
otras, de las entrañas de la información, de sus anécdotas y de toda la gente
que tuvo la oportunidad de conocer, fueron
las chispas que movieron mi espíritu para que la vocación periodística
despertara y tratar de continuar así la saga familiar.
Gracias papá, gracias por este gran legado que nos has
dejado.



























