No le pido grandes cosas al año que empieza.
A estas alturas, eso ya no me interesa.
Le pido que no me quite lo aprendido.
Que me deje mirar con un poco más de claridad,
caminar con paso más firme
y pensar con menos ingenuidad que antes.
Que me permita seguir haciendo las cosas como creo que deben
hacerse:
despacio,
respetando lo que ya estaba
y sin necesidad de disfrazar lo que pienso.
Que haya trabajo hecho con honradez,
salud suficiente para sostener el día
y una sucesión razonable de días normales,
que no es poco y a veces lo es todo.
Empiezo el año sin artificios
y sin ganas de aparentar nada.
No desde la euforia,
sino desde el lugar concreto en el que me dejó el año anterior.
Llego a 2026 con lo vivido bien colocado,
con menos concesiones
y con más criterio.
Con el mismo respeto por las cosas hechas con sentido
y por las personas que están sin alterar el silencio.
Que no falte lo esencial.
Que no se pierda lo que merece quedarse.
Feliz Año Nuevo.
Seguimos.
Con los pies en el suelo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario