domingo, 4 de enero de 2026

MI ROSCÓN DE REYES

Una receta pensada, probada y afinada con los años 

El roscón no es un invento reciente ni exclusivo de España, aunque aquí haya acabado ocupando un lugar muy concreto. Su origen se remonta a celebraciones antiguas ligadas al cambio de ciclo, cuando se compartían tortas sencillas en las que se escondía un haba como parte del juego. Con el tiempo, esa costumbre fue adaptándose y quedó asociada a la Epifanía. El roscón fue ganando riqueza, ingredientes y presencia hasta convertirse en el dulce que hoy identifica el día de Reyes.

En otros países existen bollos similares ligados a esas mismas fechas. Cada sitio ha ido resolviendo la celebración a su manera. Aquí, el roscón se quedó. Y no solo como algo que se compra, sino como algo que se parte, se comenta y, en muchos casos, se discute.

No creo que exista una única receta del roscón de Reyes. La que hago en casa es el resultado de leer mucho, probar bastante y quedarme solo con lo que, con el tiempo, me ha funcionado. He ido tomando ideas de distintas recetas, ajustando cantidades, cambiando tiempos y descartando lo que no tenía sentido para mí.

Admite menos ocurrencias de las que parece y más atención de la que suele recibir. No todo vale, pero tampoco hay una sola manera correcta de hacerlo. Entre pruebas, repeticiones y algún fallo, una acaba encontrando su punto.

No lo hago por tradición heredada ni por nostalgia. Lo hago porque me gusta el proceso, porque controlo los ingredientes y porque, cuando llegan los Reyes, hay cosas que prefiero hacer bien y en casa.

Porque la receta básica no tiene demasiado misterio: harina, levadura, leche, azúcar, mantequilla y sal. A partir de ahí empieza lo de siempre. Como con la tortilla de patata: ¿con cebolla o sin cebolla? Hay quien no concibe un roscón sin fruta confitada, bien visible y bien colorida, y quien la aparta sistemáticamente del plato. A otros, en cambio, les entusiasman los rellenos: nata, crema, chocolate, trufa.

En ese terreno no hay verdades absolutas. El roscón admite versiones y gustos distintos. Para mí, lo importante no está tanto en lo que se le pone por encima o por dentro, como en la masa: que esté bien hecha, bien levada y bien horneada. Lo demás es opcional. Y sí, tengo mis preferencias: sin relleno y con frutas. 

La primera vez que hice este roscón fue casi por probar. Me gustó tanto el resultado que supe enseguida que no sería el último. Aquella vez me vine arriba con las cantidades y la Thermomix casi pide auxilio, así que aprendí rápido una lección práctica: si se hace mucha masa, mejor dividir o amasar en dos veces. El roscón salió tierno, esponjoso y con un aroma que ya apuntaba maneras. Ahí empezó todo.

Con los años he aprendido a no pelearme con los levados. Alguna vez el segundo ha ido lento, lentísimo, y no pasa nada. Se espera. Recuerdo un año que estuvo casi tres horas y media tranquilo, creciendo a su ritmo, cuando fui a ver la masa la pillé a tiempo antes de que llegara a casa del vecino y a la cabalgata… con las maletas en la puerta. La masa había levado muchísimo. Salió perfecto.

La base técnica de la receta que hago hoy viene de ahí, de una buena receta bien pensada, de Marga Cobas, una excelente cocinera. Receta a la que con el tiempo le he ido haciendo ajustes hasta dejarla como me gusta. No son cambios caprichosos: son decisiones después de repetirla muchos años. Y por eso esta es la que se ha quedado en casa.

Este no es un roscón para hacer con prisas, aunque con la cocina en orden y algo de tiempo puedes prepararla sin problemas.

Antes de empezar (léelo, porque importa)

Trabajo con prefermento y tang zhong. No son trucos ni nombres modernos para impresionar. Mejoran la textura, el sabor y la conservación. Se nota en la miga y se nota al día siguiente.

Y dos advertencias claras a tener en cuenta desde el principio:

-La masa es pegajosa. Así debe ser. No se corrige con más harina.

-Ningún líquido debe superar los 37°. Si la leche la mezclamos caliente a la levadura, nos la cargamos y no hay arreglo posible. Mejor templado que caliente.

Roscón de Reyes en Thermomix

Ingredientes (Para 1 roscón grande o 2 medianos)

Leche aromatizada

  • 200 ml de leche entera
  • Piel de ½ mandarina o naranja y de 1/2 limón (sin parte blanca, que amarga)
  • 1 palito de canela
  • 1 anís estrellado o unas semillas de cardamomo (opcional)

La leche se aromatiza sin hervir, se deja reposar y se enfría. No se busca perfume, se busca fondo.

Prefermento

  • 50 ml de leche templada
  • 5 g de levadura fresca
  • 90 g de harina de fuerza

Tang Zhong

  • 200 ml de la leche aromatizada
  • 50 g de harina de fuerza

Azúcar aromatizado

  • 120 g de azúcar
  • Piel de ½ limón
  • Piel de ½ naranja
  • Piel de 1 mandarina

Masa final

  • Todo el prefermento
  • Todo el tang zhong
  • El azúcar aromatizado
  • 10 g de levadura fresca
  • 4 huevos a temperatura ambiente
  • 85 g de manteca clarificada o ghee, (yo uso ghee a temperatura ambiente) y 45g más para el final 
  • 40 g de azúcar invertido o miel
  • 20–25 ml de agua de azahar Luca de Tena
  • 40 ml de anís o zumo de naranja
  • 600 g de harina de fuerza
  • 8 g de sal

El agua de azahar merece mención aparte. Uso la de Luca de Tena porque es limpia y equilibrada. El roscón tiene que oler a Reyes, no a perfumería. Aquí menos es más.

Elaboración 

1. Azúcar aromatizado

Introduce en el vaso limpio y bien seco el azúcar, programa 30 segundos, velocidad progresiva 5-7-10, para que se convierta en azúcar glas. Añade las pieles de los tres cítricos (sin parte blanca, que amarga) y programa 20 segundos, velocidad 7-10. Saca y reserva.

2. Leche aromatizada

Pon en el vaso la leche con las pieles y las especias elegidas para infusionarla. Programa 5 minutos, 90°, velocidad cuchara, giro a la izquierda. Cuando esté lista cuela y reserva (deja enfriar).

3. Prefermento

Sin lavar el vaso, diluye la levadura en la leche templada a 37°, añade la harina y amasa 1 minuto, velocidad espiga. Coge la masa y haz una bola, déjala en un bol engrasado y tapado con film y lo dejas unas 3-4 horas a temperatura ambiente. (Si lo vas a hacer al día siguiente, puedes guardarlo en la nevera acordándote de sacarlo al día siguiente por lo menos una hora antes para que coja temperatura).

4. Tang zhong

En el vaso limpio, echamos la leche aromatizada que hemos preparado antes y la harina y programamos 5 minutos, 70°, velocidad 3. Cuando llegue a esa temperatura, lo bajamos a 60°, ya que la temperatura ideal son 65° (con modelos posteriores como la TM 6, ponemos directamente 65°) y dejamos terminar.

Queda como una crema espesa, tipo natillas. Tápala con film a piel (para que no forme costra) y deja enfriar completamente en el mismo vaso de la Thermomix.

5. La masa final

Los ingredientes deben estar a temperatura ambiente. Antes de empezar preparo todo para no dejar nada al azar y que no se me olvide algún ingrediente:

  • el Tang Zhong
  • el prefermento en trozos
  • el azúcar aromatizado
  • la manteca de vaca o Ghee (esto último es lo que uso yo)
  • los huevos
  • el azúcar invertido o miel
  • el agua de azahar
  • el anís o zumo de naranja
  • la levadura fresca
  • la harina de fuerza
  • la sal

Ponemos, en el vaso en el que ya tenemos el Tang Zhong, el prefermento cortado en trozos, la levadura, el azúcar aromatizado con las pieles, los 85g de manteca derretida y fría o ghee, el azúcar invertido (o la miel), el anís o zumo de naranja, el agua de azahar y programamos 10 segundos, velocidad 5.

Añadimos la mitad de la harina y programamos 5 segundos, velocidad 5.

Echamos la otra mitad, los huevos y la sal y amasamos 5 minutos, velocidad espiga. Dejamos reposar 10 minutos.

Amasamos otros 5 minutos velocidad espiga y volvemos a dejar reposar otros 10 minutos.

Añadimos los otros 45g. de manteca o ghee y programamos 7 minutos, velocidad espiga

Aquí es importante conseguir que la masa esté elástica y brillante, pero pegajosa. Tiene que superar la prueba de la membrana: toma un pequeño trozo de masa y estíralo con cuidado entre los dedos. Si puedes formar una película fina, casi transparente, sin que se rompa enseguida, la masa está lista. Si se rompe, necesita un poco más de amasado. No hay prisa.

Dejamos que doble de tamaño en el mismo vaso o en un bol bien tapado (tarda aproximadamente 3 horas, dependiendo del frío que haga en nuestra cocina. Yo lo suelo guardar en la despensa o en el microondas/horno cerrado y apagado).

Si lo vas a hornear al día siguiente puedes dejar que arranque la fermentación (20-30 minutos) y guardar la masa en la nevera.

De una u otra forma, la masa estará inflada y habrá doblado su volumen. Si la has sacado de la nevera espera a que se atempere para que la puedas manejar bien.

Si haces el roscón con su forma tradicional, divide la masa en dos bolas. Si no, puedes hacer uno tradicional y el otro en forma de trenza, para lo que una de esas dos bolas debes dividirla en tres bolas. Aquí debemos acordarnos de untarnos las manos con un poco de aceite y poner un poco en la mesa de trabajo, ya que la masa es un pelín pegajosa. No pongáis más harina.

Boleas las bolitas de masa y las dejas que se relajen una media hora, luego las estiras haciendo como barrotes y formas una trenza. Y con la otra haces la forma de roscón redondo. Introduce el haba y la figura bien envueltas y sella por la parte inferior (en mi caso solo figurita).

Cada uno de ellos lo pones en una bandeja de horno al que le hemos puesto papel vegetal y los dejas que vuelvan a levar, que suele ser en unas 3 horas.

Una vez han levado, los pincelo con huevo batido (a temperatura ambiente) y les ponemos montoncitos de azúcar humedecidos con unas gotas de agua, anís o agua de azahar, o azúcar perlado que habremos comprado, guindas, frutas confitadas, almendra laminada… según preferencias y alergias.


Metemos en el horno precalentado a 180°, con calor arriba y abajo, sin ventilador. Hay personas que ponen un cuenco con agua en una esquina del horno para crear humedad. Yo lo hago tal cual, sin cuenco.

Horneamos entre 20 y 25 minutos, dependiendo de nuestro horno. Es mejor controlar un poco y cuando veamos que están dorados sacarlos. Hay que pensar que si nos pasamos de tiempo quedarán más secos.

Y ¡a disfrutar! Solo, con relleno, mojado en chocolate especiado, leche… Hay infinidad de opciones.


No es el roscón más bonito del mundo ni pretende serlo.
Es el que hago en casa. El que huele a cítricos, a horno encendido y a víspera de Reyes.

La primera vez que lo hice supe que no sería la última.

Y después de repetirlo muchos años, confirmo que esta es la receta que se queda.

No porque sea perfecta.
Sino porque funciona.

<< He aquí el Roscón de Reyes,

tradición de un gran banquete

en el cual hay dos sorpresas

para los que tengan suerte.

En él hay bien ocultas,

un haba y una figura;

el que lo vaya a cortar

hágalo sin travesura.

Quien en la boca se encuentre

una cosa un tanto dura,

a lo peor es el haba,

a lo mejor la figura.

Si es el haba lo encontrado

este postre pagarás,

mas si ello es la figura,

coronado y Rey serás >>

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