Cómo encontré, doce años después, un correo que pudo cambiar la historia de este blog.
En un rincón escondido de mi
bandeja de entrada, entre notificaciones ya muertas y suscripciones a boletines
a los que no recordaba haberme suscrito, dormían un par de mensajes con el
mismo remitente: Anuj Agarwal, fundador de Feedspot.
Los abrí tarde… Doce años tarde.
Dentro había un inglés pulcro, casi amable: me contaba que este blog, La Cornucopia, ya tenía seguidores en Feedspot. Incluso me ofrecía una suscripción premium gratuita. Era una forma elegante de decirme : “tu voz se escucha también aquí”. Nada de spam. Era un mensaje real, enviado por alguien que acababa de poner en marcha su propio proyecto y quería compartir su entusiasmo.
En 2013, Feedspot nacía en San
Francisco para ocupar el hueco que dejaba Google Reader, cuando internet aún conservaba rincones tranquilos para leer. Anuj apostaba por seguir
reuniendo blogs para mantener la conversación humana en un mundo digital cada vez más rápido. Y sin saberlo, su algoritmo había encontrado el mío.
El caso es que no hice nada. Los mensajes
quedaron enterrados.
El tiempo, sin embargo, pasó.
Feedspot cambió de piel: de lector de feeds a escaparate de blogs. Y La
Cornucopia siguió su propio curso, respirando a su modo, a veces más callada, a
veces más viva y obstinada.
Hoy, doce años después, los
descubro con cierto asombro. Mientras yo pensaba que escribía en un rincón
discreto de internet, alguien en California lo había detectado y había decidido
tender un puente. Quizá, si hubiera leído aquellos mensajes entonces, la
historia del blog habría sido distinta. Tal vez La Cornucopia habría
crecido antes, llegado más lejos o encontrado antes a algunos de sus lectores.
Nunca lo sabré.
Pero hay algo extrañamente
hermoso en descubrir, doce años después, que aquel puente llevaba todo este
tiempo ahí, sin ser cruzado.
Podría pensar que aquel algoritmo
fue una mera coincidencia, pero hoy, al volver a abrir este blog, prefiero
creer que fue una forma discreta del tiempo de recordarme que hay mensajes que
llegan cuando uno vuelve a estar preparado para leerlos.
Por eso no siento que empiece
desde cero. Más bien es la continuación de un hilo que nunca se rompió, aunque
estuviera callado, porque los textos que dejamos en la red no se apagan del
todo. Quedan en estado latente, como semillas que esperan otra estación para
germinar, aunque no sepamos en qué suelos terminarán brotando.
Así que sí, Anuj. Esta vez voy a responder.
Porque hay que seguir creyendo en la palabra escrita, aunque tarde doce años en hacer clic.
Gracias por haberme escrito entonces. Tu mensaje, al fin, llegó a tiempo.
Para Anuj que, sin saberlo, envió este mensaje a través de doce años de historia de internet.
No hay comentarios:
Publicar un comentario